Contenidos, competencias, poderes y superpoderes

Estaba buscando el modo de expresar mis cavilaciones acerca de la creciente polémica entre los defensores de un currículo basado en los contenidos y los nuevos partidarios de la escuela basada en el desarrollo de competencias.  Quería encontrar algo que ilustrara en pocos trazos la complejidad de los matices que dan la razón tanto a unos como a otros, no porque mi postura personal sea por principio la «conciliación entre opuestos» que últimamente se ha dado en llamar «equidistancia» (yo no soy «equidistante») pero sí por matizar las ideas tanto de unos como de otros, desde mi posición independiente. Ni estoy de acuerdo plenamente con unos ni lo estoy con otros. Y los matices son importantes, sobre todo en las cosas intangibles pero trascendentales para el ser humano, como es por antonomasia la educación. Y de pronto me acordé de Supermán.

Tal vez haya jóvenes que no conozcan bien el personaje, así que recuerdo aquí el punto esencial de su perfil biográfico para ilustrar la idea que me interesa: A Superman, recién nacido en su planeta KRIPTÓN lo mete su padre en una nave espacial y lo manda a la Tierra para salvarle la vida, porque Kriptón sucumbe unos minutos después a la desintegración absoluta. El viaje dura años, y aquel bebé sale de su nave, que se estrella en las tierras de un granjero estadounidense (dónde si no) convertido en un joven lozano y  vigoroso, perfectamente preparado para integrarse en la vida de los terrícolas, porque trae consigo, asimilados de forma fabulosa mientras él «duerme», con mecanismos electro-magnéticos-digital-robóticos o quién sabe cómo, TODOS LOS CONOCIMIENTOS RELATIVOS A LA HUMANIDAD Y SU PLANETA. Es capaz de entender y hablar el idioma de cualquier lugar en el que esté realizando sus hazañas. Sus conocimientos son tales, que asociados a sus SUPERPODERES, y  las variadas COMPETENCIAS que despliega en cada caso, le convierten en el superhéroe que toda la Tierra admira. Sabe que si vuela en la órbita del ecuador en sentido antihorario con la suficiente fuerza, provocará una turbulencia tras de sí en la que arrastrará a la propia Tierra a detener su rotación, y así logrará retroceder en el tiempo para que los episodios fatales que han sucedido unos minutos antes, se vuelvan inexistentes. Eso es conocimiento de la física, y además es capacidad de vuelo y además es fuerza. Lo dicho: conocimientos, superpoderes y competencias (la «idea» para retroceder en el tiempo, y llevarla a la práctica es un ejemplo de «competencia»). Pero hay una competencia, en particular, a mi juicio esencial, la madre de todas las demás, diría yo, que se obtiene sin base previa de contenidos, que ha de ser adquirida desde la experiencia, que ha de desarrollarse partiendo de cero, y que el héroe Superman no puede haber adquirido en su viaje intergaláctico, porque requiere, para empezar, otro ser humano que se encargue de entrenar en su adquisición al novato. Y Superman viajaba sólo. Aunque en su mente fueran entrando conocimientos sin fin, carecía de ese entrenador para iniciarse en esa competencia, y por tanto, no puede tenerla. Se trata de la destreza para LEER. Así pues, llegamos a la idea con la que podría haber compuesto el título de este post, y que ilustra la paradoja de este debate: SUPERMAN, EL SABIO Y COMPETENTE HÉROE, ES ANALFABETO. Parece que a él no le perjudicó para aprender todos los contenidos por vías extraordinarias, pero los humanos sí lo necesitamos. Así del mismo modo, hay habilidades y competencias que no se apoyan en el currículo tradicional y sin embargo son muy necesarias para el pleno desarrollo de la persona, como hay contenidos que no muestran su «utilidad» a lo largo de la vida, pero sin los cuales no pueden desarrollarse a su vez muchas competencias.

Es verdad que A FALTA DE SUPERPODERES, la conjunción de conocimientos y competencias resulta lo más completo para un ser humano idealmente educado. Pero nadie podrá negar que esa conjunción es difícil de lograr, y que los caminos del aprendizaje de ambas opciones no siempre están próximos y asequibles por igual. A veces se separan tanto que obligan al «navegador/guía» a elegir una ruta abandonando al menos temporalmente la otra. Lo importante, en ese caso, es que tanto los partidarios de seguir un camino como los que prefieran el otro, sepan y acuerden el destino con toda claridad y precisión, de manera que armonicen el ritmo de avance y progreso de ambos recorridos, o bien, que estén dispuestos a recorrer un único camino, vigilando ambos simultáneamente la consecución de los objetivos sucesivos, en cada caso con sus mejores habilidades o COMPETENCIAS DOCENTES.

¿QUÉ LES PARECE?

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